A fines de año pasado te hablamos de cómo estaba el
Barrio Chino. Te contamos que esa zona creció a niveles únicos, que sigue estando de moda, que cada vez congrega más gente y más negocios. Y terminamos animándote a ir, a
“hacer turismo en tu propia ciudad”. Pues bien: hoy la propuesta vuelve a ser la misma.
Queremos que sigas conociendo a esta maravillosa Buenos Aires. Pero no solo esa
única Buenos Aires que se vende en los medios y guías de turismo. Esta vez,
nos vamos a lo profundo de nuestra alma latinoamericana para mostrarte un barrio que une la venta de productos gastronómicos con ropas varias; restaurantes maravillosos con mucha vida en la calle.
Es el Barrio Boliviano. Allí vamos.
El barrioEn realidad, hay muchos barrios en la ciudad donde viven inmigrantes bolivianos. No por nada las estadísticas estiman entre uno y dos millones el número de inmigrantes de Bolivia a nivel nacional, cantidad elocuente que expone de manera cruda la poca mirada que hay en el país sobre esta milenaria cultura. Pero el barrio que está en Liniers es especial, porque se convirtió en los últimos diez años en el
centro gastronómico boliviano por excelencia de Buenos Aires. La parte comercial se reduce a cuatro cuadras, cercanas al límite con el GBA.
Son dos calles importantes: José León Suarez y su cruce con Ibarrola, que marcan el centro del barrio boliviano, donde hay unos
veinte pequeños locales que venden especias, frutas y verduras, más de
quince restaurantes, un par de locales de ropa, peluquerías, fruterías,
negocios de encomiendas y empresas de ómnibus que, por u$s380, ofrecen viajes directos, de ida y vuelta, a La Paz.
Los productos para comprarEste barrio boliviano se hizo bastante famoso gracias a la constante recomendación de muchos chef que se acercan para conseguir ingredientes únicos, en los
locales a la calle que se abren a modo de verdulerías, ofreciendo un mix extravagante de cosas. ¿Qué hay? De todo: verduras (
mandioca, plátanos verdes, paltas, maracuyá, lima); hierbas como el cilantro, el romero, la menta y el muy especial
guacatay (semejante al perejil, pero de un sabor muy fragante y exótico). Un capítulo aparte merecen las papas:
aquí se consigue la pequeña, rojiza, y acuosa papa lisa, que hoy es la clásica papa andina que se sirve en tanto restaurante fashion de Palermo. Otra, una de nuestras favoritas, es
la papa oca, pequeña y alargada, que al hervirse u hornearse logra una consistencia blanda y sabor dulzón.
También abunda el chuño, una papa seca que se puede guardar por años. Para comerla, es necesario hidratarla y servirla en guisos. Su sabor es intenso y terroso. Si sos fanático de la famosa
salsa huancaína que se sirve en los restaurantes peruanos, y querés hacerla en tu casa,
tenés que comprar el queso fresco de cabra. Es verdad que su aspecto no es el mejor, pero es indispensable junto al ají amarillo para lograr el típico sabor de esa salsa. Como toque de color, podés elegir la
Inka Cola, una gaseosa peruana famosísima (y cara, vale $16 el litro y medio) de color amarillo fluo, de la cual también hay versiones nacionales más económicas. También hay
mazamorra morada en polvo, enormes bolsas de trigo inflado y macarrones fritos con azúcar, una popular golosina del antiplano;
maíces de todo tipo y color; alcancías con forma de calavera;
sets mágicos para la buena suerte (que traen billetes falsos, cigarrillos, papeles de colores, muñequitos, a los que se prende fuego para conseguir buena suerte). E incluso una gran estatua de
Evo Morales, ideal para el jardín progre.
Tres tips bien comprablesUn tip es llevarse los snacks salados más ricos que conocemos, muy superiores a los maníes y mucho más extraños que las papas fritas de siempre.
Hablamos de las habas fritas y de las arvejas y maíces tostados, que luego son salados y puestos en bolsitas de $2 la unidad. Son geniales para acompañar con una cerveza, suman nutrición al placer de la sal.
Otro tip: las cervezas bolivianas. Venden varias marcas, junto a las latas de leche evaporada, al locoto (ají muy picante que viene tanto en polvo como fresco) y a botellas de
singani (destilado similar al pisco peruano). La mejor es
El Inca ($8 la botella de 330ml), una “bi-cervecina” de bajo alcohol (3%), de color oscuro y sabor muy maltoso. Un producto fantástico, que tal como dice su leyenda, “
otorga lo mejor en atributos reconstituyentes y vitalizantes”•
Un último tip: el té de coca, elaborado con la hoja pura de esta planta tan común en Salta y Jujuy, que da energía para días de trabajo arduo o estudio interminable.
Los restaurantesHay muchos restaurantes que, advertimos,
no son fashion ni mucho menos. Muchos, incluso dan dudas de su limpieza. Todo esto es verdad. Pero también es verdad que la comida que ofrecen
no solo es económica sino riquísima. En este recorrido te vamo s a recomendar dos lugares; luego te toca a vos seguir probando y posteando en los comentarios.
CopacabanaEste restaurante
es uno de los más exitosos del barrio. Queda en Ibarrola 7184 (tiene sucursal enfrente) y ofrece exclusivamente salteñas, pollo broasther y al spiedo, y el genial “chikenpipok’s”.
Las salteñas son unas empanadas bolivianas, de pollo y papa, repulgue al medio, en versiones con o sin picante, y siempre exageradamente jugosas (el relleno se cocina en caldo). Su nombre, cuenta la leyenda, se debe a doña Juana Manuela Gorriti, nacida en Salta a principios de siglo. Tras ser exiliada por Rosas, se radicó en Tarija, Bolivia, donde vendía sus empanadas. Tanto fue su éxito, que la gente decía “andá a comprar una empanada de la salteña", y de allí quedó el apodo. Realmente,
las salteñas de Copacabana son perfectas: la masa dulzona, el relleno picantón, el jugo que cae por todos lados. A $2,50, una verdadera ganga. Luego ofrecen
pollo broasther, trozos grandes de pollo con hueso rebosados y fritos. Un clásico de clásicos, que viene con fritas y tallarines para acompañar. Por último, y un recomendado total, el
chickenpipok’s: un cucurucho que, en la base, tiene un vaso de Coca Cola, y que arriba se llena de trocitos de pollo frito y papas fritas. Se lleva en una sola mano, la coca se bebe desde una pajita que emerge entre la comida, y se come con la otra mano.
Un gran combo a $10 que deja a las cadenas de fast-food en franca desventaja.
MiriamEn Ibarrola 7184 se encuentra
Miriam, tal vez el restaurante más lindo del barrio, amplio, con televisores pasando videos musicales cumbieros, siempre lleno, con camareros con buena predisposición y,
de tanto en tanto, shows en vivo de música romántica. Una carta en la que
cada plato tiene su explicación ayuda a elegir entre nombres extraños:
chorrellana, pollo dorado, falso conejo, asado a la olla, salchipapa, pollo broasther y mucho más. A la hora de recomendar, no dejes de probar alguno de los platos a base de cerdo, como el
Super Fricase Paceño ($18), en el camino de un guiso y una sopa, que lleva maíz mote, chuño, cerdo y una salsa de ají amarillo, o el chicharrón de cerdo, que se deshace en la boca. Para valientes, está el
Super Pique Miriam ($60), un plato contundente para compartir entre tres, con papas fritas, carne de res, salchicha, pollo, ubre, chorizo, morcilla, tripa gorda, huevo duro, queso, cebolla, tomate, locoto, aceitunas, mayonesa, kétchup y mostaza. Menos arriesgado es el
picante de pollo ($20) que trae fideos, chuño con maní, papa, pollo con ají rojo picante (sin exagerar), ensalada de cebolla y tomate. Como entrada, sin dudas
la sopa de maní, deliciosa para el frío invernal. Vale la pena decir que
Miriam acaba de abrir nueva sucursal en Montiel 201, esquina Ibarrola, donde
ofrecen planchitas de hierro con carnes varias grilladas, verduras, huevo frito y más… no las probamos, pero lo haremos: se ven espectaculares.
Para tener en cuenta: todos los platos tienen siempre alguna carne
(desconocen el término vegetarianismo), y suelen mezclar fideos, papas, huevos duros o fritos, maíz, en un festival de
sabores intensos y proteicos (por algo es una cocina andina). Los precios siempre son baratos, y más de lunes a viernes al mediodía, cuando ofrecen su menú económico con sopa y segundo y jugo a $12. Para beber, cerveza Quilmes de litro, Paceña o El Inca en botellita. También, gaseosas de litro.
Cuándo ir:Siempre mediodías (de noche la zona es algo más densa, con muchas discotecas y alcohol dando vueltas), en especial sábados. Domingos también, si bien las calles se ven más sucias por los restos de basura que quedan de la madrugada. Se puede ir en auto, Av. Rivadavia al fondo, o en tren (el lugar queda a 200 metros de la estación Liniers).